La primogénita Toreador

Los Toreador parecen encarnar todo en lo que un joven humano moderno aspira a convertirse: musas, artistas, superestrellas inmortales o sirenas irresistibles. Pero, tras esa capa de talento y belleza, subyace un cazador sin escrúpulos. El linaje de los Toreador cautiva, convierte y se alimenta de las élites artísticas desde hace milenios. Lo peor es que los vástagos nos consideramos a salvo de sus miradas seductoras y sus palabras aduladoras. ¡Necios! No me avergüenza admitir que permití que Maia me manipulara en la corte porque, una vez que captas su forma de actuar, resulta muy fácil aprovecharse de su vanidad.

Los artistas llegaron a Praga elegantemente tarde, en el siglo XVII. Tan solo 300 años más tarde, se abrieron paso hasta el principado mediante mentiras y adulaciones, y reclamaron el trono antes de que las cenizas de Zvi se enfriaran. Pero el reinado del Príncipe Vasily no duró mucho, como sucede con casi todos los Príncipes Toreador. Hace apenas medio siglo que Carlak el Brujah lo depuso por la fuerza.

Maia, que ya había ascendido como una figura pública inestimable, se ausentó sospechosamente de la corte durante el ataque, pero no tardó en regresar y en prosperar. Se alzó como una fuerza considerable durante la Revolución de Terciopelo y, desde entonces, desempeñó el cargo de confidente secreta de varios presidentes. Lo cual no le impide beber copiosamente de los humanos por los que afirma desvivirse.

Por lo tanto, se pueden sacar dos conclusiones. La primera: Maia es absolutamente traicionera, como demuestran sus actos cuando destronaron a Vasily, un Príncipe de su misma sangre. La segunda: su faceta dulce y humana se trata de una mera fachada interesada y egoísta. Lo que la convierte en una enemiga muy peligrosa. De las que no hay que perder nunca de vista. Por eso permito que conserve su puesto bajo mi mandato.

Las Rosas se pueden llegar a aliar con los Anarquistas si la situación se pone fea, lo cual me inquieta bastante. Tanto las despampanantes Sirenas como las inspiradoras Musas son veloces como un rayo, pero ponen en práctica sus artes de dos formas muy diferentes.

En mitad del caos de la última convención, presencié cómo una Sirena acabó con dos Brujah descomunales sin más armas que su mera presencia y una hoja. Se puso de rodillas para hacerse la víctima y atrajo a los vándalos, que la consideraron una presa fácil. Acto seguido, arremetió contra ellos en una explosión cegadora de furia y sonido. El más corpulento de los dos se quedó boquiabierto, sin poder despegar la mirada de aquel torbellino. El otro se tapó los ojos y gritó despavorido. La Sirena daba más y más vueltas, y con cada giro asestaba un nuevo corte a aquellas dos moles incrédulas hasta que se detuvo con una pose triunfante. Solo quedó de ellos una neblina roja.

Una vez, Maia me dio un video a modo de "informe" del conflicto entre dos de sus Musas y un grupo de enemigos mafiosos. En él, se apreciaba cómo diez hombres, todos armados con un AK o una Makárov, acribillaban a tiros a Mikola, el Sire de Maia, sobre un cuadro de vanguardia. Entonces la pantalla se llena de interferencias y se escucha a una de las Musas entonar una canción cautivadora. Los matones olvidaron su primer objetivo y se dispusieron a neutralizar la nueva amenaza. Entonces, la Rosa se levantó del suelo, alentada por la melodía de la Musa. En los últimos fotogramas se ve a las dos Toreador abalanzarse contra los mafiosos por dos frentes distintos y provocar una auténtica carnicería. Todo ello, sin que cese la música.

 

– Fragmento de "Reflexiones del Príncipe Markus: sobre las espinas de las Rosas".

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